Un Anillo Dorado para gobernarlos a todos (parte I): Sergev Posad, Rostov y Yaroslavl)

El anillo dorado es una ruta turística creada durante la Unión Soviética para que los moscovitas hicieran algo de provecho durante las vacaciones. La idea fue que la ruta pasara por lugares históricos de los antiguos principados de Vladimir-Suzdal, Moscovia, etc. El resultado es que, si bien hay algún lugar metido con calzador, la mayoría sean sitios llenos de cúpulas de cebolla gigantescas, escenarios de cuento y lugares que al visitar te entra cuerpo de tártaro y te apetece saquear.

Uno de los edificios de Abramtsevo
Uno de los edificios de Abramtsevo.

La primera parada de la que voy a hablar no se encuentra propiamente dentro del regio anillo pero no por ello deja de ser interesante: Abramtsevo. Este lugar fue creado para albergar a una comunidad de artistas, pagados por un simpático ricachón de finales del siglo XIX, Mamontov, donde vivían y hacían sus cosas de artistas decimonónicos. Allí se dedicaban a hacer artesanías, dibujos, escenografías, etc. Si hay algún lector interesado puede leer por ejemplo sobre Vrúbel.

Vista del monasterio de San Sergio en Sergev Posad
Vista del monasterio de San Sergio en Sergev Posad.

Muy cerca de aquí se encuentra Sergev Posad. Es difícil no dejarse llevar por la marea de domingueros de la capital que visitan este lugar. Tanta gente desmerece y al final parece que uno está caminando por la Gran Vía y sólo al levantar la mirada ve una bonita postal. Boris Godunov se encuentra enterrado en este lugar y supongo que si se levantara, él sería el menos zombi de todos los allí presentes. Ya me imagino a las jovencitas rusas posando junto a él haciéndose selfies.

Rostov Veliky
Rostov Veliky.

También abarrotado pero en este caso de cúpulas bulbosas y no de humanos bulbosos está Rostov Veliky. Es sin duda uno de los lugares más bonitos de esta ruta. Cuando se entra al kremlin de esta ciudad, uno no sabe bien si está en un cuento, en un sitio real o simplemente es que Iván Vasilievich ha cambiado de profesión. Lo increíble es que incluso en restauración tiene encanto. En este lugar se pueden visitar iglesias llenas de pinturas, museos de iconos y beber un kvas o hidromiel en uno de los jardines. Tanta cúpula de cebolla que ese día me comí unos higaditos encebollados. Cerca del kremlin, en la orilla del lago Nero se encuentra también el monasterio del Salvador. Si bien es de estilo más moderno, su entorno y su patio son igualmente idílicos.

Vista de Yaroslavl
Vista de Yaroslavl.

Fácilmente desde allí, se llega a Yaroslavl. Por lo visto en este lugar el antiguo rey Yaroslavl el Sabio mató a un oso y decidió fundar una ciudad. Es una ciudad algo más moderna de aspecto (¡pero no en realidad!) con un desaparecido kremlin pero con algunas iglesias y monasterios interesantes. La principal está pintada por Guri Nikitin, un señor que además de tener un nombre muy divertido pintaba frescos en iglesias. Dicho esto quiero advertir al visitante que no se puede medir con el mismo rasero a los artistas rusos que a los europeos. Si uno piensa en las fechas en las que pintaban estas cosas, pues bueno… mejor no hacerlo y disfrutar del lugar. La orilla de Volga da un halo de tranquilidad a esta ciudad solo perturbada por el niño de la familia que nos acogió en aquella ocasión. Más que un niño ruso parecía un ejército mongol dispuesto a saquear todo lo que tuviera delante. Pero al despedirse se quedó muy triste porque no íbamos a pasar la noche siguiente con ellos. Así que con esta tristeza me despido hasta la segunda parte de esta historia.

Iglesia de Elías el profeta en Yaroslavl
Iglesia de Elías el profeta en Yaroslavl.
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